El espíritu de los tiempos

Mucho antes de que Google se hiciera con el espítitu de los tiempos, y aprehendiera y acotara el original alemán con la imprescindible Zeitgeist, algunos filósofos germanos ya sabían que el término, amen de incluir el  clima intelectual y cultural de una época, denotaba también  la visión global que prevalece entre las masas para un particular momento de su (la) historia. La wikipedia nos aclara que Zeitgeist es la experiencia de un clima cultural dominante que define, particularmente en el pensamiento hegeliano, una era en la progresión dialéctica de una persona o el mundo entero. O de un pueblo, que para lo que nos ocupa es lo mismo.

Y en esa progresión dialéctica en la que nos encontramos ahora, la consigna electoral de FAC para las elecciones de noviembre /Más Asturias, Mejor España/ refleja y capta,  mejor y antes que nadie, el espíritu de estos tiempos. Más, evidentemente, que Gines Meléndez (que parece que no se había enterado del asunto) y mejor, incluso, que Jesús Iglesias (al que de repente, brillantemente, le crecieron los fachas).

Insuperable.

 

Por cierto, “Foro cede sus 100 entradas de José Tomás para una rifa entre clientes de una empresa” (La Nueva España dixit). En El Comercio, mientras saborean el espíritu de los tiempos, y escrito con todos los respetos merecidos, se descojonan. Seguro.

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Zeitgeist (o Buenafuente detrás de la cortina)

Un amigo me envía la primera parte de uno de los grandes documentales del pasado año, Zeitgeist, documental que pasó desapercibido para el gran público y que tuvo -y tiene- la casual o causal suerte de convivir a la sombra de Al Gore  y su otra -y mediática- verdad incómoda.

Zeitgeist (2007) es un documental “sin ánimo de lucro” cuya distribución se realiza a través del canal de video de Google  -“sinónimo de lucro”, que dicen muchos envidiosos- y que ha sido visto en el último año por más de 5 millones de personas.  La cifra puede estar bien (en términos de tráfico y posibilidades), pero no tiene nada que ver, por ejemplo, con los más de 25 millones de ciudadanos que, sólo en España, están (pre)dispuestos a cambiar sus hábitos de vida y consumo para que no se caiga el cielo sobre nuestras cabezas. Aplaudo, en este sentido, y dicho sea de paso, todo lo que humanamente se pueda hacer para evitar o retrasar tan trágico suceso (incluso ir a ver a Al Gore).

El documental completo se divide en tres partes: en la primera, La historia más grande jamás contada, se constata lo evidente: que la fe sigue siendo necesaria para creer en lo que no se ve (aunque esto último no queda tan claro). Personalmente, es el capítulo del video que menos me ha llamado la atención (quizás porque lo esencial del asunto está bastante claro desde hace tiempo). No obstante, y como no podía ser de otra manera, es el que más respuestas y protestas ha concitado.

Es lo que tiene descubrir que la Era de Acuarius -¿o era Aquarius?- no llegará hasta dentro de 150 años: que muchas personas se despistan. “¿No habiamos quedado en que ya estabamos en la armoniosa, equilibrada y hippie Era Acuarius?”. No es de extrañar que algunos se cabreen -“dónde coño estamos entonces?”, dicen que decían-y protesten haciendo todo tipo de videos reivindicativos (www.youtube.com/watch?v=juKFSlQWojs, por ejemplo). Raphael y la Coca-Cola han negado cualquier intento de manipulación al respecto.

La segunda parte del video, Todo el mundo es un escenario,  narra las acontecimientos del 11-S en Nueva York y del 7-J en Londres desde un punto de vista no oficial. Punto de vista, por otra parte, cercano a la teóría de la conspiración (tanto en sus formas como, en este caso, en sus fondos) y que también se intuye claramente en la tercera y última parte del documental, No prestes atención a los hombres detrás de la cortina.  En ella, se hace un didáctico repaso del sistema monetario y de alguna de sus instituciones clave. Por si fuera poco, se aventuran ciertos propositos, nada saludables por cierto, de aquellos que ostentan el poder detrás de la cortina (delante, en el escenario, recuerden que está Al Gore con su Mac).

Recomiendo como sano divertimento, y en caso de que no se pueda participar en ninguna, leer (y pensar) sobre la(s) teoría(s) de la conspiración. Les aseguro que desde entonces verán (y más importante, podrán imaginar) al Sr. Buenafuente con otros ojos. Un día les cuento porque digo lo de Buenafuente.

Y antes de que,  efectivamente, nos caigamos al cielo, podría estar bien reunir a un grupo de amigos para ver el documental y, cual Clave Balbiniana patrocinada por Google, charlar un rato sobre lo visto y oído. Seguro que aprendemos algo.

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Creo que tengo razón, pero yo puedo estar equivocado y ser usted quien tenga la razón; en todo caso discutámoslo, pues de esta manera es más probable que nos acerquemos a una verdadera comprensión que si meramente insistimos los dos en tener la razón.

A ver cuándo hablamos de Popper.