Vendiendo

Vendiendo. Así titula Pedro Nueno su columna domínical de La Vanguardia (ver aquí).

Y es que desde hace un par de semanas las informaciones sobre la crisis comparten espacio en el periódico catalán con la misión institucional que el Ayuntamiento de Barcelona ha organizado a China para tratar de explicar a los laboriosos orientales la excelente situación de la que goza Barcelona y su región metropolitana como posible destinataria de proyectos de inversión chinos.

Sé el primero en posicionarte en la mente del pueblo chino como posible destino de sus inversiones en Europa y ten seguro que cuando decida acometer proyectos empresariales en la Unión Europea en el que primero pensará será en ti”. Esta máxima a lo Ries/Trout, bien trabajada por distintas instituciones catalanas, ha servido para que el Ayuntamiento de Barcelona tenga un poco más claro que, en las circunstancias actuales, una buena estrategia para el progreso económico y social de la capital catalana pasa por posicionarse como el mejor -y primer- lugar para acoger las más que probables inversiones empresariales chinas en Europa.

Según el alcalde de Barcelona, Jordi Hereu, que viajó a Shanghái acompañado de medio centenar de empresarios y profesionales catalanes, el asunto es “una dimensión muy interesante vista desde China, país que está en una fase de desarrollo y que tiene capacidad de invertir en el mundo”. Y estamos de acuerdo -aunque en descargo del alcalde, creo que también hay que decir del asunto que “también es una dimensión muy interesante vista desde Cataluña, país desarrollado y que tiene capacidad para acoger inversiones del mundo”-.

En Asturias “también” tenemos una buena oportunidad de acercarnos en esa dirección y gestionar adecuadamente los recursos de los que disponemos -y, más importante, de los que dispondremos a medio plazo-. El interés empresarial sobre China existe (blog de Adriano Mones) y los distintos proyectos asturchinos en los que diversas instituciones y organismos asturianos llevan trabajando desde hace tiempo empiezan a dar sus pequeños frutos.  Quizás, como ya hemos comentado en alguna ocasión, sea otro buen momento para que aquí, en la tierrina, reflexionemos otro poco sobre qué es más importante, más urgente y más rentable: ir a vender productos asturianos a China o ir a vender Asturias como producto.

Pedro Nueno y Barcelona lo tienen claro: La Camochina llegará primero a Montserrat.

Una china en La Camocha

Leo en Periodista Digital que el socialismo capitalista de China-o capitalismo socialista, como ustedes prefieran- ya no sólo se limita a exportar juguetes, ropa, restaurantes, comercios o aparatos electrónicos sino que sus grandes empresas están empezando a desarrollar proyectos de inversión empresarial en determinados lugares del ancho mundo más cercanos a nuestro entorno de lo que hayamos podido pensar. Así, multinacionales chinas están revitalizando empresarialmente (y reconvirtiendo) amplías zonas en sitios tan dispares como Latinoamérica, Suecia, Estados Unidos o Sudáfrica.

No sería de extrañar -¿o si?- que, al hilo de los muchos y frecuentes viajes de gran parte de la clase política y empresarial asturiana al país asiático, el Principado de Asturias se convirtiera, no tardando mucho, en el centro de producción español de una multinacional china (o varias).

¿Suena raro?. No lo sé, pero lo cierto es que es una posibilidad que convendría analizar desde muchos puntos de vista.

En mi opinión, y a priori, el lugar de España o de Europa que logre concentrar las posibles inversiones de determinadas empresas chinas cercanas a la tecnología, al conocimiento y a cierta fabricación avanzada se convirtirá en uno de los grandes polos del comercio europeo. Y, para ello, aparte de la capacidad de gestionar correctamente los aspectos económicos, comerciales, logísticos e institucionales de la operación será básica la habilidad para interpretar y anticipar los posibles impactos sociales y culturales que se pudieran producir (tanto a corto como largo plazo).

En el plano más económico y comercial, y a bote pronto, los beneficios para el tejido empresarial local, aparte de por el más que probable aumento de la actividad interna, también pasan, entre otras cosas, por la oportunidad que se presenta para aumentar el flujo comercial con el impresionante mercado chino.

En el plano social, los beneficios sólo podrán hacerse visibles si la sociedad que acoja las inversiones (y a los familiares de los inversionistas, que son muchos) es una sociedad abierta, plural y tolerante. A los que llegan sólo se les puede pedir lo mismo: que respeten la normas.  Estoy seguro de que en muchos lugares, cultural y socialmente similares al nuestro, las tensiones indeseadas surgirían, precisamente, en esta, nuestra esfera de lo social.

No obstante, ¿será necesario ir a China a vender Asturias como producto a la vez que intentamos vender productos como asturianos? ¿Ya se estará haciendo? ¿Como afrontaría la sociedad asturiana un desembarco masivo de chinos? ¿Veremos La Camocha convertirse en La Camochina? En Cimavilla se frotan las manos.