El Molinón Solar

En pleno frenesí futbolero de fichajes y traspasos, las obras de reforma de nuestro querido Molinón nos permiten evocar,  hierros y cementos mediante, lo afortunados que somos en esta villa marinera. 

Y nos sonríe la fortuna – a algunos más que otros, eso sí- porque tenemos en Gijón un edificio histórico, con un relato que contar -el templo más antiguo del fútbol español, ahí es nada- y que tiene una marca, El Molinón, con un potencial de notoriedad que debería aprovecharse para muchas cosas (como el propio estadio, por otra parte).  Y somos afortunados, sobre todo, porque contemplando cual siderúrgico jubilado las obras de reforma del municipal gijonés nos damos cuenta de que, gracias a los cielos, nunca la  historia, en forma de Molinón, se desplomó sobre nosotros. Y es que, a veces, como dijo el joven poeta, “la fortuna te sonríe… Y te la chupa”.

Y como el Sr. Mittal, también inmerso en pleno frenesí de traspasos, no nos hace caso hemos decidido que la estatua en Cimavilla se la pondremos al audaz que aproveche la ocasión y llene las cubiertas de El Molinón de placas solares. A todo trapo y de todo tipo.

El Molinón desde el aire. María Villamuza. lne.es. 2008

El Molinón desde el aire. María Villamuza. lne.es. 2008

No digan que viendo la panorámica desde arriba no dan ganas de arrancar el coche eléctrico y acudir raudo y veloz a montar las placas uno mismo. La mareona verde que parece llegar es lo que tiene:  el transporte en la ciudad avanza por redes eléctricas y el Molinón, sin ruta, se resiste a ser Solar (por el sol; No piensen).

Por cierto, ¿se han fijado en lo bien que quedaría en alguna de las 400 hectáreas de ZALIA una moderna, productiva  y verde planta de coches eléctricos? Lástima que sólo el planteárselo sea un trabajo de chinos. /O de catalanes, que además de pensar, en verde y a lo grande, también lo hacen en amarillo./ 

El Molinón Mittal

No le habíamos prestado mucha atención, hasta hoy, a la propuesta realizada por el Partido Popular de Gijón para afrontar desde otra perspectiva la necesaria reforma del Molinón. “El PP plantea derribar El Molinón y levantar un estadio moderno en el mismo lugar”, titula El Comercio el pasado 2 de mayo. Y tras unos días de reflexión, de oir y ver unas cuantas cosas, y de leer otras tantas también, creo que puede ser necesario y conveniente hacer un alto en el cámino y replantearse qué estadio de fútbol necesita la ciudad de Gijón para los próximos 20 o 30 años.

Una aproximación incial al asunto nos sugiere que abordar un proyecto de refundación de El Molinón es una patata caliente para cualquier político: las obras son complejas y los recursos financieros necesarios para llevar a cabo el proyecto podrían condicionar, e hipotecar, la gestión de las arcas del ayuntamiento gijonés (que son las nuestras, no nos olvidemos), y recortarían, probablemente, la asignación de recursos a otras actuaciones municipales (necesarias, también, para mantener el equilibrio en la ciudad).

Dicho esto, y sin entrar a valorar el proyecto actual de reforma, no hay que olvidar que El Molinón es, sin duda, la infraestructura deportiva de referencia en Asturias: es la más visitada (sí, sí, incluidos turístas), la más conocida, la que más sale en los medios de comunicación, y, así son las cosas, por lo único que muchos identifican a nuestro cantón milenario. Y desde este punto de vista, la pregunta que hay que hacerse es la siguiente: ¿Qué puede aportar el estadio de El Molinón, reformado o refundado, al crecimiento y progreso de la ciudad?  O dicho de otras maneras:  ¿es -será- representativo el estadio de El Molinón de los valores que Gijón y los gijoneses quieren transmitir como ciudad? ¿Puede convertirse el proyecto de El Molinón en una buena oportunidad para que la ciudad sea, en todos los sentidos, más competitiva y atractiva?

Si me preguntan por los beneficios que para los asistentes (asiduos o no) al campo tendría la construcción de un nuevo estadio, la respuesta es obvia: todos los del mundo. Eso sí, respetando la ubicación actual del estadio que es un lujo (incluso sostenible, si se hacen bien las cosas).

Por otro lado, el poder disponer de un estadio capaz de albergar competiciones deportivas de alto nivel (nacionales e internacionales) supondría una oportunidad magnífica para captar y explotar el cada vez más enriquecedor turismo deportivo. España albergará antes de 10 años una Eurocopa -seguro- y un Molinón reformado sin todas las garantías nos la pondría muy lejos. Asimismo, un estadio deportivo bien diseñado podría acoger a la perfección partidos y eventos de otro tipo (una eliminatoria de tenis de la Copa Davis, un partido del 6 Naciones de Rugby, conciertos…). Y podría también, como no, contar con su zona comercial, con su sidrería con vistas al campo, con sus palcos VIP… Y lo que es más importante, permítanme el grandonismo, podría acoger los partidos del Sporting cuando juege la Champions.

Otro aspecto importante a tener en cuenta es la opinión de los ciudadanos: a pocos, a muy pocos, he escuchado manifestarse en contra de esta opción o, al menos, de la necesidad de estudiarla con todo el sentido común del mundo. No estoy hablando de que el Ayuntamiento convoque su primer referendum -digital- para que los ciudadanos de Gijón manifiesten su postura -¿o sí?-, pero la sensibilidad hacía sus demandas es un hecho que agradecen. Máxime cuando no son pocos, además, los que consideran que El Molinón se caerá un día sobre nuestras cabezas.

Por cierto, antes que un arquitecto de renombre para el nuevo Molinón prefiero un apellido de renombre. Por ejemplo, algo así como Mittal. Un espectacular estadio construido con acero (salido de las factorías de ARCELOR MITTAL en Asturias) sería uno de los grandes elementos publicitarios y de promoción de la ciudad  y de la multinacional siderúrgica.  Si el Sr. Allen tiene una estatua en Oviedo no sé por qué el Sr. Mittal no va a querer tener una suya en Cimavilla, sin ir más lejos. ¿O nun querrá emparentar con la lloca l  Rinconín?