Eran otros tiempos

Chicho Sánchez Ferlosio. Eran otros tiempos.

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La no-mente

Instrucciones de uso

En azul: La no-mente. Extracto del libro El espíritu creativo, de Daniel Goleman, Paul Kaufman y Michel Ray, escrito en  1992, publicado en español por Zeta en 2009 y traducido por Rosa S.  Corgatelli. Más información aquí.

En rojo: La no-mente. EXtracto del diario El Comercio, en fecha presente, con Ángeles González-Sinde*, Ministra de Cultura del Gobierno de España y turista en las Asturias. Más información aquí.

En verde: La no-mente. Comentarios de democracius.

Tiempo de lectura: 6 minutos.

Modo de mirar: Leer de arriba a abajo. Reflexionar de abajo a arriba.

Nivel de dificultad: Avanzado.

 

La no-mente

Mientras ocurre el estado en que la creatividad fluye, se pierde toda inhibición. La idea Zen de la no-mente es similar: un estado de completa absorción en lo que se está haciendo.

Dice el profesor Kenneth Kraft, erudito budista de la Universidad de Leigh que ha pasado muchos años en Japón: <<En el Zen emplean la palabra “mente” de un manera muy interesante, ya que esa palabra es también un símbolo de la conciencia del universo. De hecho, la mente  del individuo y la mente  del universo se consideran en última instancia como una sola. De modo que, vaciándose uno mismo de la mente individual, más pequeña, y perdiendo la intensa inhibición del individuo, podemos recurrir a este mente universal más grande, más creativa.>>

La idea de fundirse con la actividad que se está realizando es intrínseca a la actividad del Zen. En el Zen se enseña que uno debe realizar una acción en forma tan completa que se pierda a sí mismo al hacerlo -explica Kraft-. Así, un maestro calígrafo, por ejemplo, ejecuta su caligrafía de una manera en la que su mente no interviene.

La no-mente no es inconsciencia, un concepto espacioso y vago. Por el contrario, es una conciencia precisa durante la cual uno no es perturbado por la habitual cháchara interior con que nos distrae la mente. Dice Kraft: <<el estado de no-mente significa no tener la mente llena de pensamientos fortuitos, como: “¿Es bonita esta caligrafía, luce bien? ¿Esa pinceleda debería ir allí o aquí'” No hay nada de eso en la mente si lo hace un maestro. Es sólo hacer. Sólo la pincelada>>.

La realización de una obra de caligrafía Zen comienza antes de la pincelada en sí. El maestro compone primero su estado interior; sólo después toma el pincel. La primera pincelada emerge de un estado de no-mente.

<<Una parte muy importante de una obra de caligrafía es la primera marca que se hace en el rollo, el principio mismo del carácter. Es desde ese comienzo que fluye el resto. Si por alguna razón el comienzo no es correcto -si es demasiado deliberado o demasiado tímido o demasiado enérgico-, puede malograrse la pieza. La gente que tiene ojos bien entrenados puede mirar una pieza de caligrafía y ver con gran claridad el estado mental del calígrafo.>>

Hasta tal punto las obras de caligrafía son consideradas como venerables legados de los maestros que las hicieron, que se las exhibe anualmente en muchos templos Zen. << Ellos consideran esos rollos como una suerte de instantánea del estado mental del maestro -explica Kraft-. Algunas de las pinceladas son fuertes y pesadas; otras, delicadas; alguna son apresuradas; otras, compuestas y sedadas. Y sin embargo todas, en un sentido, expresan el Zen del maestro, su conciencia.>>

Y en un sentido profundo, todos nuestros actos creativos expresan nuestra conciencia: quiénes somos en ese momento.

*<<Lo bueno de las vacaciones es que no hay que pensar en nada>>.

 

A su salud.