mhernándezpoeta

Juramento de la alegría

Sobre la roja España blanca y roja,
blanca y fosforescente,
una historia de polvo se deshoja,
irrumpe un sol unánime, batiente.

Es un pleno de abriles,
una primaveral caballería,
que inunda de galopes los perfiles
de España: es el ejército del sol, de la alegría.

Desaparece la tristeza, el día
devorador, el marchitado tallo,
cuando, avasalladora llamarada,
galopa la alegría en un caballo
igual que una bandera desbocada.

A su paso se paran los relojes,
las abejas, los niños se alborotan,
los vientres son más fértiles, más profusas las trojes,
saltan las piedras, los lagartos trotan.

Se hacen las carreteras de diamantes,
el horizonte lo perturban mieses
y otras visiones relampagueantes,
y se sienten felices los cipreses.

Avanza la alegría derrumbando montañas
y las bocas avanzan como escudos.
Se levanta la risa, se caen las telarañas
ante el chorro potente de los dientes desnudos.

La alegría es un huerto del corazón con mares
que a los hombres invaden de rugidos,
que a las mujeres muerden de collares
y a la piel de relámpagos transidos.

Alegráos por fin los carcomidos,
los desplomados bajo la tristeza:
salid de los vivientes ataúdes,
sacad de entre las piernas la cabeza,
caed en la alegría como grandes taludes.

Alegres animales,
la cabra, el gamo, el potro, las yeguadas,
se desposan delante de los hombres contentos.
Y paren las mujeres lanzando carcajadas,
desplegando en su carne firmamentos.

Todo son jubilosos juramentos.
Cigarras, viñas, gallos incendiados,
los árboles del Sur. naranjos y nopales,
higueras y palmeras y granados,
y encima el mediodía curtiendo cereales.

Se despedaza el agua en los zarzales:
las lágrimas no arrasan,
no duelen las espinas ni las flechas,
y se grita ¡Salud! a todos los que pasan
con la boca anegada de cosechas.

Tiene el mundo otra cara. Se acerca lo remoto
en una muchedumbre de bocas y de brazos.
Se ve la muerte como un mueble roto,
como una blanca silla hecha pedazos.

Salí del llanto, me encontré en España,
en una plaza de hombres de fuego imperativo.
Supe que la tristeza corrompe, enturbia, daña…
Me alegré seriamente lo mismo que el olivo.

 

Miguel Hernández. Viento del Pueblo. 1937. Qué grande.

Vacaciones en el mar o el Puerto de Poniente

Leo en El Comercio que hay ideas (justas), opiniones (sensatas) y debate (moderado) sobre el proyecto a desarrollar en los terrenos que deja huerfanos Naval Gijón. Y aunque creo que los tiros van por buen camino -tanto por el debate en sí como por el tratamiento informativo que se le está dando-, echaba de menos algo.

Y hoy, a la sobremesa, me encendieron parte de la bombilla: “hay que pensar en la posibilidad de ubicar en Poniente un puerto de pasajeros”. 

Y es cierto. No sería malo tampoco pensar en ello.

Para muestra, un botón. Bueno, dos: El primero, el que nos dice que el tráfico de pasajeros en el Puerto de Santander sobrepasó los 150.000 viajeros durante el año pasado. Mientras, curiosamente, el resto de tráficos (mercancías, coches y pesca) descendía en el puerto cántabro. Aquí la noticia.

El segundo botón es el que sitúa a Vigo, al otro lado de la tierrina, como la tercera ciudad española en número de pasajeros durante el año 2008. Más de 220.000 personas llegaron a la ciudad gallega a través de su Puerto. Y son unas cuantas. Para hacerse una idea de por dónde pueden ir los tiros, viene bien este pequeño y sugerente artículo del diario Atlántico.

Por cierto, ideas imposibles también  siempre son bienvenidas. Alguna vez daremos con la buena.

La Palmerona

La Palmerona

Copla de Antroxu: De la palmera, los cocos; de la palmerona, los …