Una china en La Camocha

Leo en Periodista Digital que el socialismo capitalista de China-o capitalismo socialista, como ustedes prefieran- ya no sólo se limita a exportar juguetes, ropa, restaurantes, comercios o aparatos electrónicos sino que sus grandes empresas están empezando a desarrollar proyectos de inversión empresarial en determinados lugares del ancho mundo más cercanos a nuestro entorno de lo que hayamos podido pensar. Así, multinacionales chinas están revitalizando empresarialmente (y reconvirtiendo) amplías zonas en sitios tan dispares como Latinoamérica, Suecia, Estados Unidos o Sudáfrica.

No sería de extrañar -¿o si?- que, al hilo de los muchos y frecuentes viajes de gran parte de la clase política y empresarial asturiana al país asiático, el Principado de Asturias se convirtiera, no tardando mucho, en el centro de producción español de una multinacional china (o varias).

¿Suena raro?. No lo sé, pero lo cierto es que es una posibilidad que convendría analizar desde muchos puntos de vista.

En mi opinión, y a priori, el lugar de España o de Europa que logre concentrar las posibles inversiones de determinadas empresas chinas cercanas a la tecnología, al conocimiento y a cierta fabricación avanzada se convirtirá en uno de los grandes polos del comercio europeo. Y, para ello, aparte de la capacidad de gestionar correctamente los aspectos económicos, comerciales, logísticos e institucionales de la operación será básica la habilidad para interpretar y anticipar los posibles impactos sociales y culturales que se pudieran producir (tanto a corto como largo plazo).

En el plano más económico y comercial, y a bote pronto, los beneficios para el tejido empresarial local, aparte de por el más que probable aumento de la actividad interna, también pasan, entre otras cosas, por la oportunidad que se presenta para aumentar el flujo comercial con el impresionante mercado chino.

En el plano social, los beneficios sólo podrán hacerse visibles si la sociedad que acoja las inversiones (y a los familiares de los inversionistas, que son muchos) es una sociedad abierta, plural y tolerante. A los que llegan sólo se les puede pedir lo mismo: que respeten la normas.  Estoy seguro de que en muchos lugares, cultural y socialmente similares al nuestro, las tensiones indeseadas surgirían, precisamente, en esta, nuestra esfera de lo social.

No obstante, ¿será necesario ir a China a vender Asturias como producto a la vez que intentamos vender productos como asturianos? ¿Ya se estará haciendo? ¿Como afrontaría la sociedad asturiana un desembarco masivo de chinos? ¿Veremos La Camocha convertirse en La Camochina? En Cimavilla se frotan las manos.

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Una respuesta

  1. El suplemento “Dinero” de La Vanguardia publicaba este domingo un pequeño artículo, “África estudia mandarín”, que esbozaba la situación actual de las inversiones chinas en el continente africano. Junto al impacto económico de éstas, la autora del artículo (Nuria Peláez), enumera algunas consecuencias de índole social y cultural que muestran otra cara de la realidad del proceso.
    Aunque no sea accesible desde la red, os dejo aquí el enlace a la referencia e inicio del artículo (www.lavanguardia.es/free/edicionimpresa/res/20080323/53447969594.html).

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