En pleno frenesí futbolero de fichajes y traspasos, las obras de reforma de nuestro querido Molinón nos permiten evocar, hierros y cementos mediante, lo afortunados que somos en esta villa marinera.
Y nos sonríe la fortuna - a algunos más que otros, eso sí- porque tenemos en Gijón un edificio histórico, con un relato que contar -el templo más antiguo del fútbol español, ahí es nada- y que tiene una marca, El Molinón, con un potencial de notoriedad que debería aprovecharse para muchas cosas (como el propio estadio, por otra parte). Y somos afortunados, sobre todo, porque contemplando cual siderúrgico jubilado las obras de reforma del municipal gijonés nos damos cuenta de que, gracias a los cielos, nunca la historia, en forma de Molinón, se desplomó sobre nosotros. Y es que, a veces, como dijo el joven poeta, “la fortuna te sonríe… Y te la chupa”.
Y como el Sr. Mittal, también inmerso en pleno frenesí de traspasos, no nos hace caso hemos decidido que la estatua en Cimavilla se la pondremos al audaz que aproveche la ocasión y llene las cubiertas de El Molinón de placas solares. A todo trapo y de todo tipo.
No digan que viendo la panorámica desde arriba no dan ganas de arrancar el coche eléctrico y acudir raudo y veloz a montar las placas uno mismo. La mareona verde que parece llegar es lo que tiene: el transporte en la ciudad avanza por redes eléctricas y el Molinón, sin ruta, se resiste a ser Solar (por el sol; No piensen).
Por cierto, ¿se han fijado en lo bien que quedaría en alguna de las 400 hectáreas de ZALIA una moderna, productiva y verde planta de coches eléctricos? Lástima que sólo el planteárselo sea un trabajo de chinos. /O de catalanes, que además de pensar, en verde y a lo grande, también lo hacen en amarillo./
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